Comunidad Marianista

La Familia Marianista es una gran comunidad Católica de Laicos, Religiosos y Religiosas, que viven su vida cristiana como María, abiertos a la acción amorosa de Dios, respondiendo a la invitación, y el mandato de ser discípulos en la misión de Jesús.

Nuestra comunidad Marianista quiere ser una gran familia, animado por el espíritu de familia, donde el centro de atención son las personas, y las relaciones entre ellas estén generadas por el amor. Eso supone:

Crear un ambiente de familia que favorezca el crecimiento y maduración de las personas. Esto exige el cultivo de relaciones interpersonales sanas y maduras, y la participación en los acontecimientos de familia.

Priorizar la persona: aceptar, reconocer y ayudar a cada uno a desarrollar al máximo sus talentos. Cultivar el respeto a toda la persona y a todas las personas.

Desarrollar valores y actitudes de sencillez, humildad, apertura, hospitalidad, tolerancia, respeto y diálogo en las personas y en las organizaciones de la comunidad escolar.

Internalizar las exigencias de una verdadera convivencia: respeto de las personas, preocupación por cada uno, especialmente por los más débiles, sentido del orden, puntualidad, tolerancia y bien común.

Educar es despertar el potencial humano; es proporcionar a los individuos las habilidades para modelar su propio destino. Por eso, a través de una educación integral de calidad, queremos:

Promover una educación de calidad que comprenda toda la persona: dimensión física, intelectual, afectiva, moral, religiosa, social y creativa del alumno.

Desarrollar la capacidad de trabajo responsable y el esfuerzo constante en el estudio, fruto de su inquietud intelectual y del compromiso con su futuro y con la sociedad.

Formar hombres y mujeres que lleguen a poseer una personalidad equilibrada y madura, especialmente en el campo de lo afectivo.

Desarrollar la interioridad, el conocimiento de sí y de sus valores interiores. Valorar lo interior más que lo exterior.

Desarrollar el pensamiento crítico y el amor y la búsqueda de la verdad.

Impulsamos una educación para la adaptación y el cambio. Sin embargo, nuestra intención no es acomodarnos al futuro sino, con esperanza, darle forma. Animamos a nuestros alumnos a encarar los cambios de una forma activa, con espíritu crítico y reflexivo. Por eso nos proponemos:

Educar a los jóvenes en un espíritu abierto para que, abriéndose a los cambios culturales y tecnológicos actuales, puedan moldear crítica y creativamente el futuro.

Formar personas capaces de aceptar y respetar las diferencias en una sociedad pluralista: la capacidad de diálogo, el trabajo en equipo, la búsqueda en común de la verdad y el consenso.

Desarrollar el pensamiento crítico en la búsqueda de la verdad: hábitos de reflexión, investigación, estructuración del pensamiento e integración de saberes interdisciplinarios.

Incentivar la preocupación, reflexión y formación de convicciones sobre los nuevos problemas mundiales de la tecnología, la ecología, la bioética la globalización de las comunicaciones y de la cultura, desde una visión cristiana.


 

Han pasado 200 años desde la fundación de la Familia Marianista. Han pasado 150 años desde la muerte de su fundador. Y  a los 150 años, el 3 de septiembre del 2000, la Iglesia reconoce la santidad de ese hijo fiel que invirtió su vida al servicio de nuestra madre María.

Pero "ese hombre que no muere", para ser de verdad "el hombre que no muere" necesita la colaboración de todos sus seguidores.

Esa fe, ese amor, ese coraje que tuvo Chaminade, y que, a través de toda esta obra que comentamos, ha intentado mostrar Antonio de Oteiza. Por eso, como epílogo, citamos una carta de uno de los más queridos discípulos del Beato Guillermo José. Creo que es de la más viva y necesaria actualidad. Porque estamos en una "revolución".

Escribe el padre Rothéa en enero de 1846:

"El Buen Padre nos ha dicho que si en una revolución, la Compañía debía cesar o perderse, un solo religioso de fe la sostendría, la propagaría". Y añade esta oración que todos debiéramos hacer nuestra: "¡Oh Dios mío! concededme la gracia de ser este hombre de fe!"